Si hubiera que señalar un solo error como responsable de la caída de Napoleón, ese sería, sin duda ninguna, la invasión de España: pudiendo tener como aliado a nuestro país, Napoleón prefirió arrebatarle la corona a Fernando VII por la fuerza, provocando así la Guerra de la Independencia.
Como se muestra en ‘Yo, el Difamado’, no es que Napoleón fuera estúpido; todo lo contrario: era un hombre enormemente inteligente. Pero estaba prisionero de sus prejuicios y creía sinceramente que el pueblo español saludaría jubiloso que Napoleón viniera a librarle de los curas y de los nobles. De nada sirvió que algunos en su entorno (Tournon, Beauharnais…) le advirtieran de que estaba equivocado: su visión mítica de España le llevaba a la conclusión de que no habría ninguna resistencia de los españoles a la entronización de la dinastía Bonaparte.
Y aquel error tan clamoroso fue su ruina. La guerra de España le obligó a luchar en dos frentes y le hizo perder centenares de miles de hombres y cantidades ingentes de dinero.
Es natural, por tanto, que los defensores y propagandistas de Napoleón intentaran en su época echar la culpa de aquel error clamoroso a otros; concretamente, a Murat.
En su Memorial de Santa Elena, el Conde de Las Cases publicó el texto de una supuesta carta de Napoleón a Murat de fecha 29 de marzo de 1808, en la que le regañaba por su falta de tacto y le recomendaba tratar los asuntos de España con mano izquierda, advirtiéndole de las desastrosas consecuencias que una guerra tendría (al final de este artículo se proporciona el texto completo de la carta).
La carta es falsa y la propia Fundación Napoleón la tiene catalogada hoy en día como tal. Son muchos los indicios que prueban que la carta es un invento:
- Todas las cartas de Napoleón se copiaban y quedaba testimonio de ellas (a veces más de una copia) en los archivos. De esta carta, no aparece copia en los archivos imperiales, ni tampoco en los archivos de Murat.
- En las cartas que se intercambiaban Napoleón y Murat, tenían la buena costumbre de empezarlas acusando recibo de las cartas de su interlocutor: «He recibido tus cartas de fechas tal y tal», «Acabo de recibir tu carta de fecha tal». En esta carta falsa, Napoleón no acusa recibo de ninguna otra carta de Murat, ni ninguna otra carta posterior de Murat acusa recibo de esta carta falsa de Napoleón.
- La carta falsa se inicia con la fórmula ‘Señor Gran Duque de Berg’. Sin embargo, Napoleón jamás utilizó esa fórmula en ninguna de las 466 cartas que escribió a Murat a lo largo de su vida. Lo habitual (a partir de 1806-1807) era que se dirigiera a Murat con la fórmula ‘Hermano mío’ (Mon frère). Otras fórmulas utilizadas por Napoleón incluyen ‘Señor hermano mío’, ‘Primo mío’ o (en una ocasión) ‘Mi querido Murat’. Con anterioridad a 1808, Napoleón usó también otras fórmulas para dirigirse al que terminaría siendo su cuñado, como ‘Ciudadano general’, ‘Ciudadano gobernador de París’ o ‘Cuñado y primo mío’, pero nunca jamás se dirigió a él llamándole ‘Señor Gran Duque de Berg’.
- En otro punto de esa carta falsa, Napoleón se dirige a Murat llamándole «Vuestra Alteza Imperial», tratamiento que no le da tampoco en ninguna de esas 466 cartas que le escribió a lo largo de su vida.
- Otro tratamiento incorrecto: en un determinado punto de la carta falsa, Napoleón se refiere a Godoy llamándole ‘Príncipe Godoy’. Pero en todas las 81 cartas en que Napoleón hace referencia a Godoy, nunca utiliza esa fórmula, sino que siempre le llama ‘Príncipe de la Paz’, con una sola excepción: una carta de 9 de marzo de 1808 en la que se refiere a Godoy llamándole ‘generalísimo’.
- La demostración definitiva de que estamos ante una carta falsa es que, en un determinado momento, esa carta se refiere al ‘Ministro de Asuntos Exteriores’ (Ministre des affaires étrangères). Sin embargo, la denominación correcta en 1808 era ‘Ministro de Relaciones Exteriores’: así es como se llamó el ministro correspondiente desde el 3 de noviembre de 1795 hasta el 3 de abril de 1814, momento en que cambia la denominación a ‘Ministro de Asuntos Exteriores’ con el nombramiento de Antoine de Laforêt. Eso nos permite concluir que no sólo se trata de una carta falsa, sino que esa falsificación tiene que haber sido escrita con posterioridad al 3 de abril de 1814.
- Napoleón finaliza la carta falsa diciendo que su chambelán Tournon se encargará de llevársela a Murat, pero es imposible que eso fuera así, ya que Tournon no se encontraba en París en esa fecha, sino en España.
- Finalmente, el contenido de la carta falsa choca frontalmente con el resto de la correspondencia de Napoleón. Por ejemplo, mientras que la carta falsa reprocha a Murat haberse apoderado «tan precipitadamente» de Madrid, en todas las cartas auténticas escritas en aquellos días, Napoleón le ordena a Murat perentoriamente que tome la capital española. Véase, por ejemplo, la carta del 14 de marzo de 1808, la carta del 16 de marzo de 1808, la carta del 23 de marzo de 1808, la carta del 25 de marzo de 1808, la carta del 26 de marzo de 1808 o, especialmente, la carta del 27 de marzo de 1808.
Esa carta de Napoleón a Murat es, pues, un clamoroso bulo. Pero lo extraordinario es que ese bulo fue aceptado sin más por diversos autores, pasó a formar parte de la historiografía oficial y llegó a ser incluido en las primeras recopilaciones de cartas de Napoleón Bonaparte. Se hicieron eco de esa carta falsa en sus memorias personajes como Montholon, Bausset o Savary. E incluso un historiador de prestigio como Thiers la llegó a dar por cierta y trató de justificar su posición con argumentos francamente peregrinos.
Moraleja: el que alguien incluya el texto de una carta en un libro de memorias o en un estudio histórico no quiere decir necesariamente que esa carta sea cierta. Hay gente que, para defender determinadas posiciones políticas o determinadas interpretaciones históricas, es perfectamente capaz de inventarse cartas. Conviene revisar las fuentes primarias y analizar los textos, para verificar la autenticidad de aquellas cartas que no se sabe de dónde salen.
Saint-Cloud, 29 mars 1808
Au Grand-duc de Berg, Lieutenant de l’Empereur en Espagne
Monsieur le Grand-Duc de Berg, je crains que vous ne me trompiez sur la situation de l’Espagne, et que vous ne vous trompiez vous-même. L’affaire du 20 mars a singulièrement compliqué les événements. Je reste dans une grande perplexité.
Ne croyez pas que vous attaquiez une nation désarmée, et que vous n’ayez que des troupes à montrer pour soumettre l’Espagne. La révolution du 20 mars prouve qu’il y a de l’énergie chez les Espagnols. Vous avez affaire à un peuple neuf; il a tout le courage, et il aura tout l’enthousiasme que l’on rencontre chez des hommes que n’ont point usés les passions politiques.
L’aristocratie et le clergé sont les maîtres de l’Espagne. S’ils craignent pour leurs privilèges et pour leur existence , ils feront contre nous des levées en masse qui pourront éterniser la guerre. J’ai des partisans; si je me présente en conquérant, je n’en partirai plus.
Le prince de la Paix est détesté, parce qu’on l’accuse d’avoir livré l’Espagne à la France; voilà le grief qui a servi l’usurpation de Ferdinand; le parti populaire est le plus faible.
Le prince des Asturies n’a aucune des qualités qui sont nécessaires au chef d’une nation; cela n’empêchera pas que, pour nous l’opposer, on n’en fasse un héros. Je ne veux pas que l’on use de violence envers les personnages de cette famille; il n’est jamais utile de se rendre odieux et d’enflammer les haines. L’Espagne a plus de 100,000 hommes sous les armes, c’est plus qu’il n’en faut pour soutenir avec avantage une guerre intérieure; divisés sur plusieurs points , ils peuvent servir de noyau au soulèvement total de la monarchie.
Je vous présente l’ensemble des obstacles qui sont inévitables; il en est d’autres que vous sentirez : l’Angleterre ne laissera pas échapper cette occasion de multiplier nos embarras; elle expédie journellement des avisos aux forces qu’elle tient sur les côtes du Portugal et dans la Méditerranée; elle fait des enrôlements de Siciliens et de Portugais.
La famille royale n’ayant point quitté l’Espagne pour aller s’établir aux Indes, il n’y a qu’une révolution qui puisse changer l’état de ce pays : c’est peut-être celui de l’Europe qui y est le moins préparé. Les gens qui voient les vices monstrueux de ce gouvernement et l’anarchie qui a pris la place de l’autorité légale font le plus petit nombre; le plus grand nombre profite de ces vices et de cette anarchie. Dans l’intérêt de mon empire, je puis faire beaucoup de bien à l’Espagne. Quels sont les meilleurs moyens à prendre ?
Irai-je à Madrid ? Exercerai-je l’acte d’un grand protectorat en prononçant entre le père et le fils ? Il me semble difficile de faire régner Charles IV : son gouvernement et son favori sont tellement dépopularisés qu’ils ne se soutiendraient pas trois mois.
Ferdinand est l’ennemi de la France, c’est pour cela qu’on l’a fait roi. Le placer sur le trône sera servir les factions qui, depuis vingt-cinq ans, veulent l’anéantissement de la France. Une alliance de famille serait un faible lien : la reine Élisabeth et d’autres princesses françaises ont péri misérablement lorsqu’on a pu les immoler impunément à d’atroces vengeances. Je pense qu’il ne faut rien précipiter, qu’il convient de prendre conseil des événements qui vont suivre. Il faudra fortifier les corps d’armée qui se tiendront sur les frontières du Portugal et attendre.
Je n’approuve pas le parti qu’a pris Votre Altesse Impériale de s’emparer aussi précipitamment de Madrid. Il fallait tenir l’armée à dix lieues de la capitale. Vous n’aviez pas l’assurance que le peuple et la magistrature allaient reconnaître Ferdinand sans contestation. Le prince de la Paix doit avoir dans les emplois publics des partisans; il y a, d’ailleurs, un attachement d’habitude au vieux Roi, qui pouvait produire des résultats. Votre entrée à Madrid, en inquiétant les Espagnols, a puissamment servi Ferdinand. J’ai donné ordre à Savary d’aller auprès du nouveau Roi (ainsi au Mémorial; les autres textes imprimés portent : Vieux Roi. En effet, Savary avait été envoyé auprès de Charles IV et non auprès de Ferdinand VII) voir ce qui s’y passe : il se concertera avec Votre Altesse Impériale. J’aviserai ultérieurement au parti qui sera à prendre; en attendant, voici ce que je juge convenable de vous prescrire :
Vous ne m’engagerez à une entrevue, en Espagne, avec Ferdinand, que si vous jugez la situation des choses telle, que je doive le reconnaître comme roi d’Espagne. Vous userez de bons procédés envers le Roi, la Reine et le prince Godoy. Vous exigerez pour eux et vous leur rendrez les mêmes honneurs qu’autrefois. Vous ferez en sorte que les Espagnols ne puissent pas soupçonner le parti que je prendrai: cela ne vous sera pas difficile, je n’en sais rien moi-même.
Vous ferez entendre à la noblesse et au clergé que , si la France doit intervenir dans les affaires d’Espagne, leurs privilèges et leurs immunités seront respectés. Vous leur direz que l’Empereur désire le perfectionnement des institutions politiques de l’Espagne, pour la mettre en rapport avec l’état de civilisation de l’Europe, pour la soustraire au régime des favoris. Vous direz aux magistrats et aux bourgeois des villes, aux gens éclairés, que l’Espagne a besoin de recréer la machine de son gouvernement; qu’il lui faut des lois qui garantissent les citoyens de l’arbitraire et des usurpations de la féodalité, des institutions qui raniment l’industrie, l’agriculture et les arts; vous leur peindrez l’état de tranquillité et d’aisance dont jouit la France, malgré les guerres où elle est toujours engagée, la splendeur de la religion, qui doit son rétablissement au Concordat que j’ai signé avec le Pape : vous leur démontrerez les avantages qu’ils peuvent tirer d’une régénération politique . L’ordre et la paix dans l’intérieur, la considération et la puissance dans l’extérieur; tel doit être l’esprit de vos discours et de vos écrits. Ne brusquez aucune démarche ; je puis attendre à Bayonne; je puis passer les Pyrénées, et, me fortifiant vers le Portugal, aller conduire la guerre de ce côté.
Je songerai à vos intérêts particuliers, n’y songez pas vous-même. Le Portugal restera à ma disposition. Qu’aucun projet personnel ne vous occupe et ne dirige votre conduite; cela me nuirait et vous nuirait encore plus qu’à moi.
Vous allez trop vite dans vos instructions du 14; la marche que vous prescrivez au général Dupont est trop rapide, à cause de l’événement du 19 mars. Il y a des changements à faire; vous donnerez de nouvelles dispositions. Vous recevrez des instructions de mon ministre des affaires étrangères.
J’ordonne que la discipline soit maintenue de la manière la plus sévère ; point de grâce pour les plus petites fautes. L’on aura pour l’habitant les plus grands égards; l’on respectera principalement les églises et les couvents.
L’armée évitera toute rencontre, soit avec les corps de l’armée espagnole, soit avec des détachements; il ne faut pas que, d’aucun c’ôté, il soit brûlé une amorce.
Laissez Solano dépasser Badajoz ; faites-le observer; donnez vous-même l’indication des marches de mon armée, pour la tenir toujours à une distance de plusieurs lieues des corps espagnols. Si la guerre s’allumait, tout serait perdu.
C’est à la politique et aux négociations qu’il appartient de décider des destinées de l’Espagne. Je vous recommande d’éviter des explications avec Solano, comme avec les autres généraux et les gouverneurs espagnols.
Vous m’enverrez deux estafettes par jour; en cas d’événements majeurs, vous m’expédierez des officiers d’ordonnance; vous me renverrez sur-le-champ le chambellan de Tournon, qui vous porte cette dépêche; vous lui remettrez un rapport détaillé.

Deja un comentario