Visto que el 2 de mayo no fue un levantamiento espontáneo, sino organizado, ¿quién fue el que movió los hilos para que aquel levantamiento se produjera?
La respuesta nos la da el propio Napoleón en sus cartas.
De ellas se deduce que los movimientos para organizar una respuesta popular en caso de que Napoleón intentara arrebatar la corona a Fernando VII comenzaron a principios de abril. El Emperador advertía a Murat, en una carta de fecha 10/4/1808, de que, según el embajador francés Beauharnais, el Duque del Infantado (uno de los principales consejeros de Fernando VII) podría estar preparando un movimiento insurreccional.
En su segunda carta a Murat del día 5/5/1808, en la que le habla de esa insurrección de Madrid de la que acaba de tener noticia, Napoleón dice a su lugarteniente en España: «Tengo pruebas de que fueron Don Antonio y la Junta quienes tramaron esta insurrección; las encontré en los correos interceptados«.
Y en otra carta a Murat de 15/5/1808, Napoleón remacha: «Informaciones fidedignas, en las que tengo motivos para confiar, me llevan a la convicción de que el movimiento general que se ha producido en Madrid ha sido ordenado por el Príncipe de Asturias y su corte, y operado en lo sucesivo por la Junta. Exponerse a cualquier extremo antes que adherirse a lo que yo había pedido y masacrar a todos los franceses, eso era lo que se había ordenado a todas las provincias«.
También nos lo confirma en sus memorias Bausset, que actuó como traductor para Napoleón en 1808. Evidentemente, los preparativos del levantamiento no podían ser demasiado visibles, por cuanto eso habría significado la guerra con Francia y lo que Fernando VII pretendía era apurar las posibilidades de negociación con el Emperador. A partir del 20 de abril, fecha en que Fernando VII llega a Bayona, se añadía además otra dificultad adicional: estando los españoles presentes en esa ciudad francesa en manos de Napoleón, cualquier preparativo debía realizarse en estricto secreto, para evitar que los franceses tomaran represalias con los príncipes y su séquito. Pero no todo el mundo es capaz de guardar un secreto: no todo el mundo es capaz, por ejemplo, de dejar de pensar en la suerte que puede correr su familia. El 27 de abril, el Duque de Híjar (uno de los miembros de la comitiva de los príncipes en Bayona) escribió a su mujer para avisarle de que saliera inmediatamente de Madrid ante la catástrofe que se avecinaba (ver página 232 del Tomo I de las Memorias de Bausset). Menciona Bausset que otros españoles presentes en Bayona (aunque no especifica cuáles) intentaron avisar también a sus familias, así que debieron de ser varias las cartas en ese sentido interceptadas por los franceses.
Por último, no tenemos más que fijarnos en la propia lista de muertos del 2 de mayo para corroborar lo que Napoleón y Bausset nos dicen: de los 405 muertos del 2 de mayo, al menos 22 eran servidores directos de Fernando, algunos llegados desde fuera de Madrid para la ocasión. Esta es la lista que proporciona Guzmán y Gallo:
Archivo parroquial de San Martín, Libro de defunciones.— Las víctimas del Dos de Mayo contaron un crecido número de servidores de la Real Casa con que en aquel día memorable pagaron á sus Reyes y á su Patria el tributo de su lealtad. Entre los muertos figuran, según el orden alfabético de nombres, Antonio Martínez y Antonio Romero, mancebos de las Reales Caballerizas; D. Carlos Nogués y Pedrol, médico honorario de S. M., catedrático de clínica ele la Universidad de Barcelona; Dionisio Santiago Ximénez (a) Coscorro, mozo de labor del Real Sitio de San Fernando; D. Esteban Santiso, sobrestante de las obras de la Real Florida; Félix Mangel y Senén, guardacoches de S. M. en el Real Palacio del Buen Retiro; Francisco Antonio Álvarez y Arias, jardinero del Real Sitio de Aranjuez, y Juan Antonio, su hermano; D. Francisco Bermúdez y López de Labiano, ayuda de Cámara de S. M.; D. Francisco Merlo y Mauricio, jefe del Real guardajoyas; Gregorio Martínez de la Torre, mancebo de las Reales Caballerizas; Juan Antonio Alises, palafrenero de S. M., con destino á la servidumbre del infante D. Carlos; D. Lorenzo Daniel, profesor de lengua italiana de SS. AA. los Serenísimos Infantes; Manuel Antolín y Ferrer, jardinero de la Real Florida; Manuel Peláez; mancebo de las Reales Caballerizas; D. Manuel Pereira y Castro, médico de Cámara de S. M.; Dª. María Raimunda Fernández de Quintana, mujer del ayuda de Cámara de S. M., D. Cayetano Obregón; Martín de Ruicavado, mozo de labor de la Real Florida; Matías Rodríguez Fernández, farolero de la Real Casa; D. Rodrigo López de Ayala y Barona, mayordomo de semana de S. M.; Tomás Rivas de Soto, empleado de la Real Casa de Campo, y D. Vicente Ximénez, profesor por S. M. en la ciencia de la filosofía de las armas y maestro de SS. AA.—Entre los heridos se contaron, además de Mártola y de Porras, el médico de la Real Familia D. José Albarrán, el aguador del cuarto de la Reina, D. Domingo Lama, y otros.

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